sábado, mayo 05, 2012

Pérdida


              Una guía Filcar toda mamarracheada le indicó que ése cuadradito relleno era una plaza. La avenida se veía geométricamente dispuesta, terminando en ventanitas que se asemejaban a ladrillos a la vista. La geografía del cielo no puede ser descrita con líneas rectas. Se sentó y observó que la luna todavía no se había ido o que recién había llegado. Era la tarde que le seguía a una mañana común y corriente. Había caminado horas sin decir una palabra. Atravesó parques, glorietas y puentes.

           Redescubrió pasajes, arboledas y pasos a nivel. Cada trazo de la hoja era volver a dibujarse. Cada huella que se perdía era garabatear y dar de nuevo. La geografía de mi tierra no puede ser entendida en una hoja. Necesito  toda una vida para escribirla.

martes, mayo 01, 2012

Hiede



«Ni siquiera durante los últimos meses de mamá  cambiaron las costumbres, aunque poca importancia tuvieran ya.»
La salud de los enfermos, Julio Cortázar.



Huele el repugnante aroma a la carne cruda a punto de pudrirse. Huele bien, hay que dejar que se te escape ni una gota de aire por orificios que no sean tus narices. Huélelo  bien y disfrútalo. Si en algún momento de debilidad, o de distracción, sobrevienen las náuseas, no vomites. Huelelo bien por todo hueco que se precie.
Así olerás cuando nada más te importe.

lunes, abril 23, 2012

Mi vida alborde


"¿Tengo que romperle los oídos para que escuchen por los ojos?"
F. Nieztche

No tengo perdón. No hace falta gritar para que me escuchen los que no pueden. No hace falta regalarme nada para que saber que estoy acá, callado. No hace falta perdón para no gritar lo que regalo. No es el regalo de la vida lo que necesita ser gritado, ni gritarle a la vida para que escuche mas, ni envolverme el cuerpo con cinta de embajaje para que al final de la encomienda encuentres un grito por respuesta a todo destino. Es imperdonable haber roto un oído antes que el embalaje, porque no se trata del contenido sino de las formas, y las formas son los bordes de las cosas. Si grito al borde de las cosas me caigo o me escucho yo solo, porque no tengo perdón, acá en el borde estamos todos locos, claro. Al borde de las cosas no se le grita porque se rompe. Se regala el paquete sin romper el envoltorio. Se abre cuando volvés. Y no hace falta gritarlo, Federico!:  Se hace tarde y sale tren hacia la frontera. - ¿Venís? No, ya esta acá mi vida.

domingo, abril 22, 2012

Escribir-nada-más

"¿Es culpa del frío que haga frío?"
Anthony Burguess


Si llegué hasta acá, a la suerte de varios otoños mugrosos, es porque quizás tuve intenciones de quedarme en silencio varias primaveras y pude imaginarme un futuro bien sobrio, anudado en la vida. 



Si llegué hasta allá, a la dejadez de un par de anhelos que escupo, es porque quizás he hecho invenciones sin más pretexto que invocar los mundos que vendrán de ahora en más, ataditos a esta espalda.


Si llegué a vivir un instante en los ojos tristes de quién mira atento lo que estoy por decir,  es porque quizás han habido pretextos y textos entre sextos sentidos. O es porque han dormido lentos los mil y un  destinos, que sólo conoce aquel que nunca llega a ningún lado. O es porque he parado mil y un verso sin dejar rastro desde dónde he huido. O porque quizás haya vislumbrado dos palabras huecas y las haya llenado con instantes vacíos, hace ya tanto, que no lo he sentido.



Si llegué a decir lo que no he dicho, repito, no es porque no haya querido saber de donde vino. Ni de dónde parte aquello que ya no es mío. Si llegué a algún destino no lo he visto. Si llegué a decir algo no lo quise, si llegué hasta acá arriba de mi mismo, no es porque haya querido conocerme. O, no se : tal vez sí. Porque ya lo he dicho. Si llegué a decir lo que los ojos me dicen que digo, ya lo habré dicho todo sin escribir nada más que lo que yo  ya he leído :
¿Es culpa de los ojos que la boca sonría?




viernes, abril 20, 2012

Mi vida milonga


"Hay un aromo nacido en la grieta de una piedra (...)
pero hay que (d)ir y fijarse como lo estruja la piedra
(...) eso habían de envidiarle los otros si lo supieran
que no teniendo alegría se hace flores de sus penas."

El aromo, Atahualpa Yupanqui

Hay una poesía que daña. Hay una palabra que cura. Hay una sonrisa que engaña y hay una miseria que ayuda. No se trata de escribir lo que daña para curar la sonrisa, ni se trata de decir las palabras que a penas ayudan. Tengo mi(s) serias dudas  que exista poesía que al final de aquel día te levante los brazos, tengo mis serios rechazos de que cuando engañe al que daña me vuelva un descargo en tono de ira. Tengo la cura del sueño. Tengo la cara de un día. Hay una vida que daña. No hay una rabia que siga, porque a palabra no dicha, canción que termina. Mi vida no rima,  mi vida.